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sábado, 29 de octubre de 2016







lunes, 27 de febrero de 2012


Camus y Sartre (existencialismo), sus diferencias y similitudes

"Para Camus: El absurdo nace para él de la relación entre el hombre y el mundo, de las exigencias razonables del hombre y de la irracionalidad del mundo», mientras «lo que yo llamo absurdo es una cosa muy diferente: es la contingencia universal del ser, que es, pero que no es el fundamento de su ser; es lo que hay en el ser de dado, de injustificable, de siempre elemental.
En el existencialismo el hombre no es su propio fin, ya que no existe más que proyectándose fuera de sí mismo, a lo que llamamos la trascendencia. En cambio, para Camus el hombre es su propio fin." -Sartre-.

Uno de los puntos fundamentales del existencialismo es la noción del absurdo en el ser humano.
Para Sartre lo absurdo es la contingencia del estar demás, estar arrojado hacia el existir sin razones ni porqués, ya que aún siendo un ser, ese ser no se justifica ni se puede autojustificarse su propia existencia.
Sartre describe al hombre como un medio para proyectarse fuera de sí mismo hacia un "ser-para-otro", siendo su verdadero fin el otro. Sin embargo, ese proyectarse hacia fuera de sí mismo, está constantemente influenciado desde su ser-para-sí abierto al ser que a su vez sería la contingencia de lo en-sí. De este modo, la existencia precede a la esencia, me realizo y soy tal cual como me elijo, haciéndome un artesano de mi propia obra. No existe una esencia a priori que signifique y construya los actos más que uno mismo. Adquiriendo de ello, una libertad condenada a ser libre de vérselas ante la contingencia de su propio ser que no es lo que es, dejando de ser lo que es sin poder coincidir consigo mismo, a diferencia de lo en-sí que es tal cual lo que es. Así, Sartre en su conferencia "el existencialismo es un humanismo" dice: "El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho".
Otras definiciones de Sartre al tema podemos citar: nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser.
No lo que querrá ser. Pues lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo.
El existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un signo dado sobre la tierra que lo oriente; porque piensa que el hombre descifra por sí mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre.

Para Camus lo absurdo nace de la oposición entre lo que nos parece tener sentido y lo que en la práctica nos revela. Aquella irracionalidad que envuelve al ser, ante un manto teórico de la razón siempre en tensión entre la teoría y la praxis. Por otro lado, la rutinaria forma de vivir en un conjunto de repeticiones inútiles, vacías y carentes de sentido y significado, que se llevan a cabo más por costumbre, tradición e inercia que por coherencia y lógica. Es lo que describe Camus en el mito de Sísifo, en un esfuerzo de empujar cada uno su propia roca indeterminablemente hacia una cima que culmina en la nada.
Camus otorga más relevancia al ser humano diciendo que ante un mundo hostil donde lo absurdo podemos verlo en la naturalidad humana el mismo hombre es su fin.

Camus en su breve novela "El extranjero" nos revela con suma simpleza y complejidad el sentido absurdo de un sujeto llamado Merlaut sin pasión ni interés alguno ante la vida ni a sus cercanos. Ningún lazo a la vida le pertenece, nada debería importarle gratuitamente, se encuentra extranjero en un desierto absurdo, solo como una roca pasiva donde nada le pertenece.
Al respecto, Simone Beauvoir en su ensayo "Para qué la acción" lo ejemplifica: "¿qué importa el Imperio? ¿Por qué llamar míos este suelo, esta mujer, estos niños? He engendrado esos niños, están-ahí; la mujer está a mi lado, el suelo bajo mis pies: no existe ningún lazo entre ellos y yo. Así piensa el Extranjero, de Camus: se siente extranjero en el mundo entero que le es completamente extranjero"..."No existe entre el mundo y yo ninguna relación. En tanto que soy en el seno de la naturaleza un simple dato, nada es mío. Un país no es mío si estoy solo en él como una planta; lo que se edifica sobre mí, sin mí, no es mío: la piedra que soporta pasivamente una casa no puede pretender que la casa sea suya. El Extranjero, de Camus, tiene razón en rechazar todos los lazos que se pretenden imponerle desde fuera: ningún lazo está dado de antemano."
De la misma forma, Camus en su posterior novela "La Peste" denuncia como en los tiempos de guerra este tipo de indiferencia o nihilismo contamina a toda una época hacia su destructividad absurda.
Sin embargo, Simone Beauvoir (homóloga al pensamiento de Sartre) en el mismo ensayo critica sobre "El Extranjero" de Camus: "El lazo que me une al otro, sólo yo puedo crearlo; lo creo por el hecho de que no soy una cosa sino un proyecto de mí hacia el otro, una trascendencia. Y ése es el poder que desconoce el Extranjero: ninguna posesión me es dada; pero la indiferencia extranjera del mundo tampoco me es dada: no soy una cosa, sino espontaneidad que desea, que ama, que anhela, que actúa, "Ese chico no es mi hermano". Pero si lloro por él, no es ya un extraño. Son mis lágrimas las que deciden. Nada está decidido antes de que yo decida. Cuando los discípulos preguntaron a Cristo: ¿Cuál es mi prójimo?, Cristo no respondió con una enumeración. Relató la parábola del buen samaritano. Ése fue el prójimo del hombre abandonado en el camino a quien cubrió con su manta y socorrió: no se es el prójimo de nadie, se hace de otro un prójimo mediante un acto".

Ambas nociones tienen como punto en común el no encontrar un signo dado elemental que sustente la coherencia absoluta de su existencia. Por un lado "el ser un Ser" es algo que está demás y al mismo tiempo, conlleva a que toda la irracionalidad o racionalidad humana esté también demás sin coherencia sujeta alguna.
Camus agrega más énfasis al definir que lo absurdo lo construye el hombre mismo en su quehacer aparente de sentido. Sartre en cambio dice que el ser-en-sí fisurado para dar cabida a la conciencia o lo para-si, es absurdo de por sí. Ya que el ser conciencia que de la nada llega a ser, nada es en su origen.
Sartre es más "materialista" en su noción de Absurdo y Camus es más "constructivista" en la noción de absurdo.
Camus intenta ir más allá del existencialismo, intentando ver las consecuencias de la existencia precediente a la esencia.

Para partir de ellas, como base de análisis social como un conjuntos de incoherencias, en donde ningún signo da para-sí mismo razones para justificar cada conducta.
Camus es más pesimista en reconocer que la importancia de la conducta no enfatiza en nada a la posibilidad de una coherencia en sus actos y responsabilidades.
Camus aboga a que ser responsable es un absurdo y que lo único que puede dar sentido es revelarse, ser un rebelde y dejarse llevar por su instinto, su lado más absurdo, lo que según se interpreta (nos recuerda a la voluntad de poder de Nietzsche).
Camus ve como absurda la intención de ser seres racionales y he ahí lo absurdo del ser humano.

Existe una compleja intersubjetividad en el cual Sartre y Camus dan mayor valor a lo exterior y a lo interior humano respectivamente.
Sartre dice que todo acto es el reflejo de lo que nosotros buscamos, anhelamos, esperamos, etc. Por ende el fin del humano se ve en sus actos.
Camus aunque diga que el fin del ser humano es uno mismo, en el Mito de Sísifo se revela su necesidad de explicar la experiencia humana y de los otros por medio de los actos y su conjuntos de actos que dan o intentan dar sentido a la condición humana.
Su mayor similitud es sin duda su noción de la muerte de dios en su sentido más literal y radical.
Parten considerando que al no tener un dueño absoluto (sin dueños entre sí mismos), son los mismos hombres juzgados por ellos mismos. En donde todo valor de signo es construido e interpretada en su último juicio por uno mismo.

Regresando al ensayo de Beauvoir, cito nuevamente: "Es mío, pues, en primer término, lo que hago. Pero desde que lo he hecho, he aquí que el objeto se separa de mí, se me escapa. Ese pensamiento que yo he expresado enteramente, ¿es aún mi pensamiento?
Para que ese pasado sea mío, hace falta que, a cada instante, lo haga mío de nuevo proyectándolo hacia mi porvenir"
Pero conforme al pensamiento de Camus, surge una interpretación distinta: ¿Tiene sentido regresar?

Otra noción importante entre ambos autores es su noción de "Historia. Camus en una entrevista haciendo referencia de ella dice:"...el existencialismo ateo, se termina de igual forma en una divinización, que es simplemente aquella de la Historia considerada como el único absoluto. Ya no creemos más en Dios, pero sí en la Historia. Por mi parte, comprendo muy bien el interés de la solución religiosa, y percibo muy particularmente la importancia de la Historia. Pero no creo ni en la una ni en la otra, en sentido absoluto. Me interrogo y me enojaría mucho que me forzaran a escoger de una manera radical entre San Agustín y Hegel. Tengo la impresión de que debe haber una verdad tolerable entre los dos."

En tal sentido, para Camus la condición humana es un absurdo, a saber, la confrontación perpetua del hombre con su propia oscuridad. Para Camus, el que no cree más que en la Historia camina hacia el terror, y quien no cree en nada de ella autoriza el terror.

Siguiendo el libro "Absurdo y rebelión: una lectura de contemporaneidad en la obra de Albert Camus" de Rubén Maldonado. Camus argumenta sus dichos diciendo que en la época del crimen justificado por la fidelidad a una doctrina en un excesivo amor a la libertad. Esa fidelidad es impuesta en una especie de ‘no conciencia’, por el desfallecimiento de las conciencias ante el peso de una verdad incómoda: que la vida no tiene sentido. Ese desfallecimiento, esa falta de vertiginosidad degenera en afán de evasión, el cual se manifiesta como imposición, a la conciencia, como la esperanza a la libertad como si fuese un suicidio en búsqueda de guerra. El suicidio, a su vez, degenera en asesinato cuando la evasión se vive como conciencia de que nos debemos a una comunidad absurda.
La única gran evidencia que intenta ser arrancada a la conciencia: lo absurdo de la condición humana. Según Camus, este impulso de rebelión comienza con la reivindicación irracional de la libertad en el arte, con Sade, Lautréamont, los dandys y Baudelaire, y culmina con el servicio de la libertad a la historia. Tanto el arte como la historia son requeridos en el análisis de Camus como responsables de alimentar una rebelión que socava la disposición de mantener la tensión frente al mundo, único medio de mantener despierta la conciencia y afirmar la rebelión como fidelidad a lo absurdo.
En Camus la única fidelidad que se impone a la evidencia de que la vida no tiene sentido es el sostenimiento de ese sin sentido; y la fidelidad que brota de la propia conciencia cuando ella se obliga a no desfallecer es la rebelión. Lo que Camus cuestiona, en últimas, es el sentido mismo de libertad derivado de la tradición ontológica-racionalista que con Hegel alcanzó su mayor plenitud.
Lo hasta aquí dicho explica la confrontación que simultáneamente acomete Camus contra las formas de rebelión concebidas por el pensamiento burgués, el socialista y el existencialista, en la medida en que todas esas formas son respuestas a lo absurdo. Al concretarse esas respuestas en programas de realización de la libertad, las acciones que dieron cuerpo a la historia contemporánea terminaron asegurando al crimen un lugar privilegiado.


Al referirse Sartre a un pasaje de Cartas a un amigo alemán, donde Camus le dice al supuesto soldado nazi «Durante años han tratado ustedes de hacerme entrar en la historia», replica Sartre: “[…] puesto que se cree fuera, es natural que imponga condiciones antes de ‘entrar adentro’. Igual que la nena que roza el agua caliente con la punta del pie preguntando: ‘¿está muy caliente?’, mira usted la historia con desconfianza, sumerge en ella un dedo que retira al instante y pregunta: ‘¿tiene sentido?”

Dado que para Camus el pasaje al reino de la historia es el pasaje al terror y al nihilismo, Jeanson (redactor del diario les temps moderns junto con Sartre) saca como conclusión práctica que la única sabiduría vendría a ser entonces el statu quo, y que Camus asimila la historia moderna, desde 1789 hasta el presente, a la reduplicación indefinida del drama que antaño se situaba entre Charybde y Scylla.
Para Jeanson, Camus sitúa el Mal en la historia y el Bien fuera de ella, entregándose a la pura rebelión, única acción eficaz en política. Jeanson insiste en que en Camus hay un rechazo de la historia. Esto es de suma importancia, porque Camus replicará que su libro no es un ataque a la historia sino al historicismo, es decir a la idea de hacer de la historia un absoluto.
De esta forma Camus, no otorga a la Historia en el sentido dialéctico o Hegeliano su protagonismo. Debido a que la historicidad humana nos revela lo absurdo de nuestra Historia. En esto se parece a Nietzsche en su concepción histórica, en donde en su libro "sobre la utilidad y perjuicios de la historia para la vida" enfatiza que una sobrecarga de Historia es un veneno para la humanidad, siendo que nada prueba que diez años más de historicidad nos puedan enseñar algo más o mejor que antes.

Sartre como teórico marxista considera la historia como algo primordial hacia el entendimiento humano. Sin embargo, a lo largo de su filosofía en los textos "Crítica de la razón dialéctica", demuestra como el legado marxista encuentra diversos problemas en su teoría y praxis, demostrando que no todo se reduce en un entendimiento histórico en cuanto progresar la humanidad. Siguiendo en este punto a Habermas en su debate con Gadamer, la hermenéutica histórica acarrea consigo todas las injusticias de clases sociales y los prejuicios sociohistórico cultural. Dando énfasis a la teoría crítica como tal, dando legalidad a la transcendencia de los sujetos como objetos de estudio crítico, fuera de toda historicidad posible. Finalmente Ricoeur, reconcilia ambas nociones dando complementariedad a lo llamado "hermenéutico-crítico" como modo de análisis socio-histórico.

Sartre hace hincapié en que no es necesario abandonar para mirar la Historia a momentos como un espectador rebelándose de ella y denunciando sus fallas, sino que la misma Historia tienen en elemento que se sirve de su crítica presente. No podemos salirnos de ellas y mirar desde un módulo meta-histórico el pasado. La historia nos pertenece, la hacemos juntos si yo me alejo de ella no sé que realidad vivo. Por supuesto que si de historias se trata no se tratan de un único nicho o comprendimiento histórico: el marxismo y el capitalismo. Y es ahí donde a Sartre le falta para reconocer en la voz de Camus algo que incluso es complementario a su filosofía. Su sesgo divinizador de la esencia humana como animal luchador de entre las condiciones de clases. No ve que atrás de una crítica de derecha más allá hay matices grises capaces de buscar un modelo económico o político mixto, que no de por sentado una verdad por un hecho histórico. Pero como Sartre habla en su existencialismo, elegir o no elegir me elijo y la elección que no tome partido por un partido o en este caso un socialismo o capitalismo, son sujetos fuera de la historia como poder crítico. Incluso Jeanson en su propio artículo que criticaba el libro "El Hombre Rebelde" encuadraba a Camus en posiciones de derecha, las cuales a Camus les causó un gran horror. Sartre hasta 1957, claramente estaba convencido que el marxismo demostrará su razón y que el siglo XX es el siglo del marxismo. De esto y lamentablemente, Sartre no aceptaba de buena manera quienes se opusieran al marxismo filosófico y que a su vez apoyen un libre-mercado egoista. Es comprensible, que en una época como la post-guerra estaba fuertemente marcada con dos potencias mundiales tanto políticas y económicas, no daba pie a reflexionar matices grises y ponerlos en su práctica. Quizás a Sartre algo de ello le faltaba en su filosofía. Las cuales Camus desde "El Hombre Rebelde" demostraba una búsqueda menos orientada a las divinizaciones históricas buscando en lo posible alguna especie de equilibrio con la ahistoricidad. La cual Camus nunca terminó de convencer a ninguno de los existencialistas franceses en medio de un caos político de guerra fría. Y volviendo a lo anterior, aquella ahistoricidad que Sartre no apoyaba, la historia y la acción humana tiene una totalidad en sí mismo ante la historia. Todo acto es una decisión desde su para-sí y para-otros, lo cual la historia sería aquello en-sí lleno de sí y buscamos complementarnos perfectamente con ella a partir de nuestra negación o nihilición. La nihilición, la carencia de nuestro ser-para-si no encuentra una negación absoluta lejos fuera de lo en-sí, habitar nuestro vacío de ser por un nuevo vacío histórico o ahistórico, no era algo que Sartre deba por eludir en filosofía o en el existencialismo.
Cada acto tiene una repercusión en la historia, y de ella la importancia de aceptar la libertad del ser-para-sí y librarse de aquellas decisiones de mala fé de un pasado que hacemos o rehacemos pasado día a día para justificar nuestras desgracias.
Sartre no ve en las guerras el fin de la historicidad o la empresa de cada quien hace parte de sus elecciones. Camus es más sensible en tanto, que la guerra aparte de ser un crimen absurdo contra el propio el hombre, ve en la historia o en la historia absurda del ser humano el camino que lo releva al crimen. Sartre no se da porvencido ya que para el la mayor condena es ser libres y siempre debo hacerme y no caer en tal o cuales derrotas. Si la revolución soviética no ha sido como ha de ser, es una lucha constante de desembarazarnos de los crímenes que una vez haciéndolos míos dentro de una totalidad histórica (que me sea directa o indirecta su influencia, yo puedo decidir con mis actos si son mis luchas o desgracias) desde allí se puede luchar ante ellas.
Sin embargo Camus hace una crítica a este mismo punto en su respuesta a Jeanson en Les Temps Modernes: "Liberar al hombre de toda traba para luego comprometerlo prácticamente en una necesidad histórica es lo mismo que quitarle, en primer lugar, sus razones de luchar para luego lanzarlo a cualquier partido, a sola condición de que éste no tenga más regla que la eficacia.
Es entonces pasar, según la ley del nihilismo, de la extrema libertad a la extrema necesidad; no es otra cosa sino dedicarse a fabricar esclavos." En esta cita podemos ver claramente la mayor diferencia que Camus tiene con "el existencialismo es un humanismo" de Sartre divulgado en 1945.

Camus fue un sujeto muy afectado por los devenires de la segunda guerra, lo cual cualquier crimen que se haya realizado bajo la ideología o el honor que sea, sigue siendo un asesinato histórico. Lo que hicieron los soviéticos, Camus buscó distanciarse más y más del marxismo y a su vez de Sartre. Para Camus el marxismo conlleva a un asesinato y la historicidad puede volvernos nuevamente ha ella. Apelando que el marxismo es una filosofía absolutista. Quería llevar sus ideas a un mundo utópico donde el asesinato de una vez no sea de ningún modo legítimo.
Sartre quien sabía que usar la violencia contra la violencia, sólo provocaría continuarla, sin embargo, reafirma, es el único medio para erradicarla.

No obstante, los pensamientos de Sartre recién desde 1960 con su libro "Crítica de la razón dialéctica" podemos ver los límites y problemas que enfrenta el marxismo hegeliano en su culminación o en su praxis, como también en sus posteriores entrevistas y conferencias. Un giro que Sartre toma con suma crítica. Especialmente lo vemos reflejado en sus últimas entrevistas, donde nos dice que dentro de la historia nunca nos desembarazaremos de los crímenes y prejuicios. Por eso Sartre invoca un llamado a los Franceses en 1958, aludiendo, "nosotros los franceses somos asesinos", cuando buscaba la liberación (al igual que Camus) de los Argelinos. Buscando en dicha retórica asumir que ese otro que apoya el crimen, bien puede ser otra imagen potencial mía de no haber tenido otra crianza. Por eso Sartre es enfático en decir: "¿por qué identificarnos con quién está en la cima (el hombre en la luna, la humanidad es grande, por tanto nosotros) y no con lo más bajo (racismos, abusos) de nuestros actos?".

Sartre nunca se cansó de decir que la libertad aparece en cuanto tomo responsabilidad. Ya que en donde no puedo comprometerme y realizar mi compromiso, no existe la libertad. Mientras me voy comprometiendo, alcanzo mi libertad en la medida que con un otro construyo la libertad posible (en eso último hasta el mismo Foucault podría estar de acuerdo en cuanto juntos en mayo de 1968 repartieron volantes a los estudiantes en plena revolución). Por otro lado el compromiso también tiene un carácter radicalmente propio, en eso no se distanciaría mucho a Camus, en cuanto si por el honor a la libertad de un grupo sometido, tengo el deber de cometer un acto para mi grupo, en cualquier momento mi compromiso se me puede ir de mis manos, me podría encontrar solo con mi destino (tal como en el protagonista del Extranjero) y dudarlo sin llevarlo a cabo, por tanto si me comprometo, debo siempre hacerlo mío, reconocerlo en mi proyecto, solo así reconozco mis acciones y mis posibles destinos.
Sartre fue claro, siempre hay un límite, un espacio, donde puedo negar todo lo impuesto por mi cultura, ya que siempre, no importa el destino, la libertad es condición del hombre, aún si ante la tortura tenga la libertad de un suicidio.
Sin embargo, Sartre también aclara, cada decisión que voy tomando, me va haciendo, mi existencia precede a mi esencia, pero cada encuentro con el otro me define a mi mismo en la mirada, en mi historia me hago cosa y yo intento cosificar al otro, a medida que avanza mi edad (mi ser-para-la-muerte como diría su antiguo maestro Heidegger) me voy reconociendo a si mismo en mis límites. Sartre lo ejemplificaba en una entrevista en 1967 diciendo: "yo desde muy temprano abandoné mi sueño de ser un bailarín a los 8 años".
Mis elecciones van definiéndome y comprometiéndome. En otras palabras, para Sartre resulta inevitable a los ojos del Otro volverse una cosa más o menos esto o más o menos aquello antes de morir, se puede desprender de sus proyecto y quienes lo definen, una libertad, pero no quita significarse lo que el otro le signifique de vuelta. De no ser así, es vivir sin compromisos, sin libertad.

Mario Vargas Llosa en su libro "entre Sartre y Camus" publicado un año de la muerte de Sartre en su prólogo dice: "Pero para Sartre no había manera de escapar a la Historia, esa Mesalina del siglo XX. Su metáfora de la pileta es inequívoca. Es posible que las aguas estén llenas de barro y de sangre, pero, qué remedio, estamos zambullidos en ellas y hay que aceptar la realidad, la única con la que contamos. En esta piscina que compartimos hay una división primera y primordial que opone a explotadores y explotados, a ricos y pobres, a libres y esclavos, a un orden social que nace y otro que decline. A diferencia de los comunistas ortodoxos, que se niegan a ver los crímenes que se cometen en su propio campo, Sartre los reconoce y los condena. Así lo ha hecho con los campos de trabajo forzado en la URSS. por ejemplo. Pero, para él, la única manera legítima de criticar los ‘errores’ del socialismo, las ‘deficiencias’ del marxismo, el ‘dogmatismo’ del partido comunista es a partir de una solidaridad previa y total con quienes -la URSS, la filosofía marxista, los partidos pro-soviéticos- encarnan la causa del progreso, a pesar de todo. Los crímenes de Stalin son abominables, sin duda. Pero peores son aquellos que convierten a la mayoría de la humanidad en una mera fuerza de trabajo, destinada a llenar los bolsillos de la minoría que es dueña del capital y de los útiles de producción y que ejerce, en la práctica, el monopolio de la cultura, la libertad y el ocio. La guerra entre ambos órdenes es a muerte y no hay manera de ser neutral ni indiferente. Quien pretende serlo lo único que logra es volverse un instrumento inerte en manos de uno u otro bando. Por eso hay que tomar partido, y él lo hace en nombre del realismo y de una moral práctica. Con todos sus defectos, la URSS y el socialismo marxista representan la opción de la justicia; el capitalismo, aunque tenga aspectos positivos, hecho el balance será siempre la alternativa de la injusticia (...)

Para Camus este ‘realismo’ abre las puertas al cinismo político y legitima la horrible creencia de que la verdad, en el dominio de la Historia, está determinada por el éxito. Para él, el hecho de que el socialismo, que representó, en un momento, la esperanza de un mundo mejor, haya recurrido al crimen y al terror, valiéndose de campos de concentración para silenciar a sus opositores -o, mejor dicho, a los opositores de Stalin- lo descalifica y lo confunde con quienes, en la trinchera opuesta, reprimen, explotan y mantienen estructuras económicas intolerables. No hay terror de signo positivo y de signo negativo. La práctica del terror aparta al socialismo de los que fueron sus objetivos, lo vuelve 'cesarista y autoritario’ y lo priva de su arma más importante: el crédito moral. Negarse a elegir entre dos clases de injusticia o de barbarie no es jugar al avestruz ni al arcángel sino reivindicar para el hombre un destino superior al que las ideologías y los gobiernos contemporáneos en pugna quieren reducirlo. Hay un reducto de lo humano que la Historia no llega a domesticar ni a explicar: aquel que hace del hombre alguien capaz de gozar y de soñar, alguien que busca la felicidad del instante como una borrachera que lo arranca al sentimiento de la absurdidad de su condición, abocada a la muerte. Las razones de la Historia son siempre las de la eficacia, la acción y la razón. Pero el hombre es eso y algo más: contemplación, sinrazón, pasión. Las utopías revolucionarias han causado tanto sufrimiento porque lo olvidaron y, por eso, hay que combatir contra ellas cuando, como ha ocurrido con el socialismo, los medios de que se valen empiezan a corromper los fines hermosos para los que nacieron. El combate contra la injusticia es moral antes que político y puede, en términos históricos, ser inútil y estar condenado al fracaso. No importa. Hay que librarlo, aun cuando sea sin hacerse ilusiones sobre el resultado, pues sería peor admitir que no hay otra alternativa para los seres humanos que escoger entre la explotación económica y la esclavitud política."

Para resumir (de un modo ciertamente grotesco), si tuvieramos que clasificarlos a un ideal político, claramente Sartre es parte del Marxismo y Camus del Anarquismo con tintes Nietzschianos. Sin embargo, debemos también dar voz a la evolución de la filosofía de Sartre y sus propios encuentros y desencuentros tanto con el existencialismo como el devenir político del marxismo como praxis.

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